Amistad
A lo largo de la vida, uno va encontrando gente por el camino… Hay personas que te invitan a quedarte un rato hablando con ellas. De cosas sin importancia que con el tiempo olvidarás… y probablemente también a quién te las dijo.
Con algunas de esas personas empiezas hablando del tiempo, y terminan por darte cierta confianza como para compartir con ellas ese momento de tu vida. Es gente que pasará de largo dejando una pequeña huella… En tus recuerdos tendrán cara y ojos… y hasta una sonrisa, aunque no recuerdes su nombre.
Cierto día, la conversación se alarga tanto, que decidís continuarla mientras seguís caminando. Ambos lo haceis en la misma dirección, así que (durante un tiempo) se convierte en tu compañero de viaje. Compartís días de sol y de lluvia. Caminos floreados y otros con fuertes pendientes. Sea por poco o por mucho tiempo, el camino que habéis recorrido es el mismo… Y en el futuro, al volver la vista atrás, siempre estará allí con una gran sonrisa, esperando que (tal vez) un día vuestros caminos se vuelvan a cruzar.
Aquellos que te acompañaron durante un tiempo, que te ayudaron a levantarte al tropezar, que te curaron las heridas y consiguieron que volvieras a andar, emprendieron un camino diferente al tuyo… el suyo. Alguno camina a tu lado, otros lo hacen de forma paralela, con lo que (de vez en cuando) compartís el buen tiempo y las lluvias. Y otros, sin embargo, se fueron alejando poco a poco.
Ayer compartí de nuevo camino con alguien importante. Las cervezas de más en Meñakoz fueron (en parte) las culpables de que un día decidiéramos ir en la misma dirección. Hemos cruzado ríos (y hasta océanos!) juntas… Cruzamos campos de flores y caminos de cabras con lluvia, sol, nieve y viento. No siempre supimos estar en el momento justo en que la otra tuvo frío, pero conseguimos aceptar que somos así y que (precisamente por eso) seguimos caminando muy cerca.
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